Relato erótico: Pasión por las maduras

No sé cuando fue el momento exacto que dejé de mirar a las jovencitas como un deseo eterno para dejarlas de lado por las mujeres maduras. No recuerdo como fue aquello, lo único que sé es que no dejo de pensar en mujeres mayores de 40, inclusive más grandecitas hasta pasado los 50. Hasta los 55 si están bien conservadas.

Ese deseo lo tengo desde los 27 años (ahora tengo 36) y no ha variado en lo más mínimo.

Adoro las mujeres mayores con sus curvas, su sensualidad, seguridad, simpatía y falta de preocupación por cosas sin importancia alguna. Es increíble poder encontrar todo aquello en una mujer…es un verdadero tesoro encontrar todo aquello!

El relato que les cuento sucedió a comienzos del 2007 y ha sido siempre un muy buen recuerdo.

Tengo una muy buena amiga, una joven de 25 años bastante atractiva y agradable que conocí tiempo atrás. Vive sola en un departamento en pleno centro de Santiago (Chile) y días atrás la vino a visitar una tía desde el sur del país. No había tenido oportunidad de conocerla hasta que una tarde me encontré con mi amiga (Andrea) quien estaba acompañada de una mujer madura, muy atractiva, pelo castaño, rostro bronceado, y un cuerpo bien cuidado. Se llamaba Mónica y había llegado para quedarse un par de días y hacer algunos trabajos de manera independiente.

Luego de charlar un rato nos despedimos y quedé de visitar a Andrea en los próximos días.

Llegado el día llegué al departamento y me atendió Mónica. Estaba en tenida deportiva haciendo algunos ejercicios y me dijo que Andrea se estaba duchando. Mientras la esperaba, Mónica estaba con sus ejercicios y no podía dejar de poner mis ojos en ella. Su trasero se veía magnífico en aquel buzo que tenía. Era de color azul y al estar ajustado daban ganas de morder ese rico trasero. Y ni hablar de sus pechugas. Eran una verdadera maravilla. Duros, voluptuosos y muy paraditos para su edad. Mónica debe tener aproximadamente 48 años y un cuerpazo que ya se quisiera cualquier jovencita con curvas y exuberante.

Sus movimientos eran con tal gracia que era imposible no mirarlos detenidamente. Luego de aquello apareció Andrea y me dijo si la podía acompañar a comprar algo para regresar luego al cabo de 10 minutos.

Al regresar estábamos en la pieza de Andrea cuando alcanzo a ver a Mónica salir del baño envuelta en una toalla de color celeste.

Me quedé un poco distraído y continué mi charla con Andrea. Luego mi amiga fue en dirección de la cocina cuando sonó su celular y se quedó conversando un buen rato en el comedor. Al instante apareció en la pieza Mónica vestida solo con una camiseta larga blanca y buscaba una crema que Andrea tenía en su pieza. Al verme sonrió, charlamos un rato (no recuerdo de que) y ella se esparcía la crema alrededor de sus piernas. Alcancé a ver un pequeño calzón de color azul que se traslucía fuertemente al adherirse su camiseta con su trasero.

Debo admitir que me calienta sobremanera cuando una mujer sugiere más de lo que muestra. Y lo que estaba haciendo Mónica es la típica situación que me produce una excitación tremenda.

Al cabo de unos minutos estábamos tomando once y compartiendo una amena charla. Luego salimos con Andrea en busca de unos amigos y dejamos en el departamento a Mónica quien tenía una cita esa misma noche.

Pasamos una noche agradable y Andrea me invitó a quedarme al departamento ya que estábamos cerca de allí. Al llegar estaba despidiéndome de nuestros amigos mientras Andrea pasó a comprar unos cigarrillos en un almacén que atendía toda la noche. Mientras la esperaba vi detenerse un auto en la que estaba Mónica. Estaba con otra mujer quien manejaba el vehículo.

El despedirse Mónica y su amiga se dieron un beso en la boca. Yo me coloqué en un ángulo que no podían verme. Llegaba Andrea y al mismo instante Mónica. Ella nos preguntó como la habíamos pasado y le dijimos que muy bien. Andrea le hizo la misma pregunta y su tía de forma picarona le contestó que tuvo una linda velada.

Ya adentro charlamos, tomamos café, conversamos tendidos en un sofá tan grande como cómodo hasta que el sueño venció a Andrea y se fue a su pieza.

Hubo un silencio antes de Mónica y yo dijésemos alguna palabra. Ella me preguntó si había algo más que amistad entre Andrea y yo y le dije que sólo éramos buenos amigos.

Mónica para su cita estaba vestida completamente de negro. Camiseta y chaqueta del mismo color y una falda con botas también de color negro. Se quitó las botas y las fue a dejar a la pieza, lo mismo que su chaqueta.

Como ya le había visto las piernas antes, llegó sin su falda y solo con su camiseta negra, el calzón negro que se había puesto para salir y unas ligas del mismo color. Todo era una ataque directo a mis hormonas, sobre todo cuando debajo de su camiseta no llevada sostén alguno.

Sus senos se veían exquisitos en esa prenda y yo quise mantener la tranquilidad.

Le pregunté como había sido su cita y ella sin tapujos me dijo “la pasé bien. Mi acompañante es una mujer bastante agradable y complaciente”.

El morbo me mataba y quise alimentarlo aún más. Le dije que la había visto darle un beso. Ella me preguntó “¿te gustó lo que viste?” yo le dije que si. Que me parecía que hacían linda pareja.

Mónica me dijo que no era su pareja porque no tenía pareja alguna. Que salía con personas con quien pasar un rato agradable. Independiente si es hombre o mujer. Y que la había elegido porque la conocía de antes y que deseaba pasar un rato con una buena compañía femenina.

Yo solo atinaba a decir que me parecía bien todo eso. Pero Mónica me miraba de manera muy sexy y la verdad es que tenía una erección que intentaba disimular. Ella en un instante se levantó y su calzón de le introducía entre sus cachetes y la verdad estuve a punto de tomarla y fornicar en ese preciso momento.

Luego regresó y me preguntó donde iba a dormir. Le dije que en el sofá. Ella insinuó que compartiéramos su cama pero le dije que no. Ella se acercó y me dijo que no había nada de que temer. Que Andrea estaba ya completamente dormida y que no tendríamos que hacer ruido. Ella acarició mi pierna y al subir notó mi erección. Sonrió y me quitó los pantalones. Tomó mi pene y empezó a lamer mi glande.

Yo estaba en éxtasis. Y luego empezó a masturbarme. Al cabo de unos minutos lancé un chorro de semen que había caído en mi pecho, pues en esa dirección lo había apuntado.

Yo quedé rendido y agotado. Pero había mucho más. Ella me dijo que cuando recobrara fuerzas fuera a su cama.

Me tapé con una frazada que me había pasado antes Andrea y me quedé pensando. Mi calentura fue más y pasé a verla. Ella estaba semidormida. Me recosté a su lado por unos minutos, pero ella estaba bastante cansada (más de lo que aparentaba) y la dejé dormir y yo regresé al sofá.

A la mañana siguiente Andrea estaba ya levantada y estaba vestida lista para salir. Le dije a donde iba y ella me respondió que tenía que ir a pagar unas cuantas atrasadas y que regresaría lo antes posible. Me preguntó si me quedaría almorzar y le dije que bueno.

Me quedé en el sofá pensativo cuando apareció Mónica. Con la misma camiseta y calzones negros. Me preguntó por Andrea y luego sonrió. Me dije que había sido un caballero por no haberla molestado anoche y que eso lo valoraba mucho porque no todos los hombres son capaces de hacer algo así. No sabía si tomarlo como un cumplido o sentirme muy tonto por la oportunidad perdida.

Me dijo que porque no nos duchábamos juntos. Cuando dijo eso otra vez mi calentura fue superior.. Ella se acercó y nuevamente acarició mi pene y me dio un tierno beso en la boca. Nos fuimos al baño. Me desnudé con toda mi erección al frente y ella con su cuerpo tremendo, muy cuidado y curvilíneo.

Nos colocamos en la ducha, nos enjabonamos y acariciamos. Fue una experiencia exquisita. Salimos del baño quedamos desnudos. Ella comenzó hacerme sexo oral y luego un exquisito 69. el sabor de su vagina era riquísimo. Sus jugos semi amargos eran un delicia. Pero ella seguía chupando y chupando mi miembro y yo quería dejar de lamer sus labios para poder penetrarla. Ella tomó mi pene y comenzó a hacerme una “paja rusa”. Nunca lo había hecho con una mujer con unos senos tan grandes y mi semen le llegó en pleno rostro.

Quedé rendido y charlamos. Quería cogerla pero ella quería que nos acariciáramos. Al rato se fue a vestir y ese fue un indicio que no pasaría nada más por ahora. Cuando llegó Andrea preparamos el almuerzo y un par de horas más tarde me fui a mi casa. Pensaba que ella estaba tomándome el pelo o que en una de esas ella era una de esas mujeres que siente más placer con el sexo oral que con un coito.

Días después nos juntamos con Andrea en un bar y me dijo que Monica había salido la noche anterior y que no había llegado sino hasta al medio día del día siguiente.Le pregunté a Andrea que onda su tía y ella me dijo que “era un tiro al aire”, era una mujer muy liberal y que le gusta pasarlo bien. Solo busca buena compañía para tales efectos. Le dije sobre la mujer del auto y Andrea me dijo que eso no le sorprendía de ella. Su tía –me dijo- era la mujer con la que más confianza tenía- y que inclusive ella le aconsejaba a Andrea cosas de sexo.

No quise ahondar nada más para no parecer tan obvio y cambié de tema.

Un día estaba hablando con Andrea porque necesitaba una información que ella tenía en su computador. Tenía que ir a su departamento pero al llegar ella no estaba. Su tía sabía que iba a ir y me dejó entrar para ir en busca de lo que necesitaba.

Yo estaba solo en la pieza de Andrea pero el silencio se podía fácilmente. Había terminado y me dirigí a la pieza de Mónica para decirle que había finalizado. Mi sorpresa fue cuando ella estaba vestida con un camisón negro, largo y sin nada debajo. Por el costado se podía ver que no llevaba ropa interior y estaba tirada en la cama con movimientos parecidos como una gata en celo.

Me invitó a recostarme a su lado que ahora era el momento de cumplir lo que no había hecho aquella noche. Ella me desnudó suavemente y le dije que no se desnudara todavía. Que la quería ver vestida así por un rato. Nos besamos y ella comenzó a besar mi cuerpo. Descubrió zonas erógenas que yo no sabía que existían y el placer fue total. Luego ella se despojó de su sexy prenda y ese cuerpo exquisito, curvilínea, un poco macizo pero contorneado y tonificado iba a ser por fin absolutamente mío.

Nuevamente nos fundimos en un 69, placentero como el anterior, pero no tan prolongado. Comencé a besar y recorrer cada centímetro de su piel. Su cuello, sus pechos, su abdomen, sus piernas y muslos, el trasero y su espalda. Ella estaba totalmente entregada. Luego colocó un preservativo en su boca y lo deslizó de forma magistral hasta la base de mi pene.

Me hizo colocarme boca arriba y empezó e montarse encima mío. Su cara, y sus gemidos eran excitantes. Sus movimientos circulares alrededor de mi miembro daban cuenta de lo experimentada que ella era. Luego se dio vuelta y me dio la espalda. Ver como sus labios se comían mi pene me dio más placer aun.

Luego ella se colocó boca abajo y levantó la pelvis para que la penetrara. Lo hacía a un ritmo frenético que pensé que me haría acabar luego pero no fue así. Después lo hicimos más despacio y aprovechaba de besarla mientras mis manos sostenían sus senos.

Terminamos esa posición y me hizo sentarme al borde de la cama. Ella literalmente usó mi cuerpo como silla y subía y bajaba su pelvis. Sus movimientos me produjeron bastante placer que hizo que alcanzara el mayor de los orgasmos que haya recordado.

Nos recostamos en la cama, nos acariciamos, nos besamos y conversamos. Me dijo que lo había pasado de maravilla conmigo pero que esto no iba a continuar porque en dos días más regresaba a su ciudad. No hice mayor drama pero en el fondo sabía que estaba perdiendo una buena oportunidad en mi vida en pareja.

No se cuando volveré a ver a Mónica. Andrea me dice que ella me manda saludos. Y que puede que regrese a Santiago pronto.

Más que añorarla lo que busco ahora es una mujer como ella pero que viva en Santiago. Las distancias a veces son muy crueles, sobre todo para mi que he vuelto a corroborar porque las mujeres maduras despiertan una pasión que no encuentro en las más jóvenes.

Esta experiencia a los 34 con una mujer de 48 fue lo mejor para mi.

Espero que las mujeres maduras me puedan dejar sus comentarios para saber que les pareció. Damas entre 40 y 55 años de cualquier parte.

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