Me llamo Ana, voy al penúltimo curso del instituto en la que soy bastante popular, me levanto de la cama como cada mañana y me miro al espejo, soy morena, alta, tengo los ojos marrones y un pelo largo rizado, tengo una bonita figura que hace que los chicos se fijen en mi, me gusta ser el centro de atención a veces visto provocativa para calentarlos, pero soy de las que llamáis vosotros “calientapollas” ya que no me va mucho la acción.
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Era el primer sábado del mes de Septiembre, nuestras vacaciones se habían terminado hacia justo 10 días. y acabábamos de mudarnos de nuestro antiguo piso a un chalet unifamiliar de una urbanización muy próxima a Sevilla
Aquella mañana, como casi todas las mañanas de los sábados y después de ducharme, me disponía a salir a comprar la prensa en un centro comercial que hay cerca de nuestra nueva casa y de camino desayunar mientras ojeaba los diarios. Luisa, mi mujer, quiso acompañarme para hacer algunas compras en el Hipermercado del Centro Comercial,
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Nos habíamos cambiado de ciudad, por motivos de trabajo, mi mujer se había decidido finalmente a acompañarme dejando su trabajo en Madrid y aceptando un trabajo en la nueva provincia costera a la que el destino nos empujaba.
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Algunas historias había escuchado de Don Venancio pero necesitaba encontrar un trabajo para juntar algo de dinero y me estaba ofreciendo la oportunidad de ayudarlo sólo por las tardes para poder estudiar en las mañanas, así que no podía desaprovechar esa oportunidad.
Los primeros días todo transcurrió con normalidad, Don Venancio era una persona de trato muy agradable y me enseñó los deberes que tenía que cumplir en su negocio, realmente eran pocos pero laboriosos, así que desde que llegaba hasta que me iba siempre tenía algo que hacer, acomodar los productos la estantería, llevar pedidos a domicilio, atender a la gente, en fin, todo lo que se hace en un pequeño minisuper. Así que cuando recibí mi primer pago me sentí satisfecho, no era mucho dinero, pero era mas o menos lo que necesitaba para poder tener mi vida social, vamos, no se requiere de mucho dinero cuando estás en la preparatoria.
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Fue nuestro aniversario de bodas a principios de la semana pasada. David como sorpresa me llevó el viernes a tomar unas copas al bar del Hotel Nikko, como sabes, es uno de los mejores hoteles de la ciudad de México. Con un par de copas, decidimos recorrer el hotel como en los viejos tiempos, en un piso determinado, salimos del elevador y en un rinconcito fuera de una habitación, me subió la minifalda, yo no llevaba nada abajo pues antes de salir de casa él me lo pidió así, y me la metió desesperadamente, me hizo gritar del placer y la sorpresa, wow todo fue rápido me hizo venirme en cosa de segundos y el también me llenó de leche en el mismo tiempo.
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Habia un lunes festivo en nuestro país, tres dias de vacaciones, reservamos una habitación en un hotel de tierra caliente mi novia y yo, viajamos el fin de semana, en cuanto llegamos recibimos la habitación y nos desnudamos completamente, nos acariciamos un rato, nos miramos desnudos en un espejo en el tocador frente a cama y nos masturbamos mutuamente hasta calentarnos lo suficiente, me encanta chupar su clitoris y ella lo sabe así que me tiro sobre la cama y me dijo con voz de coqueta, quiero restregarte la en la cara, abrio sus piernas sobre mi rostro dejandome ver su chochita abierta y jugosa, introduje mi lengua por entre los pliegues de su concha y ella movia sus cadera en circulo alrededor de mi lengua, me restregaba furiosamente su sexo en la cara, hacia movimientos bruscos y suaves, rapidos y lentos abriendo cada vez más su concha sobre mi boca, abri la boca lo más que pude para darle un beso profundo a su hermosa vagina, le enterre la lengua y la movia como un latigo dentro de ella, no pudo resistir mas, se deslizo hacia abajo y se enterro en mi dura verga que estaba palpitando de placer por ella, su cara de jubilo me alegraba a mi tambien y me llenaba de lujuria.
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Hola, soy una chica española, que quiere compartir con los lectores la historia de mi primera vez que viví hace unos 5 meses con la persona que mas he querido.
Antes de que pasara nada, leía muchos relatos de esta pagina para conseguir que mi primera vez fuese muy especial.
Hará cosa de seis meses conocí a un chico ocho años mayor que yo a través del Chat. Nuestras conversaciones eran normales, lo único que queríamos era conocernos, pues ambos habíamos salido recientemente de relaciones algo trágicas.
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Siempre fui un chico tímido, mas de las veces me avergoncé de decir que perdí mi virginidad a los 18 años, aunque de algún modo también me enorgullezco de haberla mancillado de la forma que lo hice. Muchos desearían una virginidad tardía como la mía y desvirgarla a mi manera.
Como dije siempre fui un chico bastante tímido, sinceramente y siendo justo, debo decir que encajaba perfectamente con el chico empollón, sin amigos, tímido y cohibido que suele pasearse por los recreos de los institutos solo, con su bocata en la mano mirando el suelo, deseando que suene el timbre, para volver al aula y así camuflarse en la medida de lo posible, para no llamar demasiado la atención, pues lo peor que les puede pasar a los de mi especie es llamar la atención, normalmente suelen llevarse alguna que otra ostia o broma de mal gusto por parte del reglamentario grupito de chulos.
Así divagaba yo, cuando uno de aquellos días, en clase de Ingles, nos encomendaron un trabajo en grupo, ni decir tiene que me quede solo, los grupos fueron formados por tres personas tal y como había indicado la profesora, por lo que al quedarme solo, la profesora decidió colocarme a mi en uno de los grupos, en concreto en uno formado por tres chicas, Clara, Elena y Sonia.
Si he de ser sincero, la idea me entusiasmo, ya que en el grupo se encontraba la chica mas bonita de la clase, al menos para mi, Clara, era inteligente, simpática, algo tímida y con un cuerpo espectacular, delgada pero con curvas, sus pechos no eran muy grandes pero tampoco pequeños, de piel clara, con una sonrisa siempre dibujada en su cara. Por el contrario Elena y Sonia eran repetidoras, las típicas chicas con aires de seguridad, solían ser bastante provocativas vistiendo, mas Sonia rayaba lo vulgar con sus comentarios subidos de tono y sus contoneos. Le encantaba poner calientes a todos los chicos, aprovechaba la mínima ocasión para ir a charlar a otra mesa y apoyar los codos sin flexionar las rodillas, he de admitir que el espectáculo era cosa de lo mas esperado durante el día, pues su culo era muy redondo y respingon, aquella chica sabia sacarle partido a sus atributos físicos.
Por el contrario Elena era algo mas regordeta pero con curvas, era atractiva, aunque su fuerte no era su trasero, eran sus pechos, unas generosas mamas morenas y redondeadas, un espectáculo cuando utilizaba escote.
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Tengo… Bueno, digamos que al vivir junto al mar y en el mar me mantengo en buena forma, estoy delgado pero fuerte, mi tórax luce un matiz muy tostado del sol diario de pescador, además del tono moreno de la piel que me viene de mi abuelo negro… De hecho se puede decir que soy mulato. .
Anochecía y resonaban en la lejanía los primeros compases de la orquesta que ensayaba para el baile de la fiesta del pueblo. La mar estaba llana como un espejo, la barca casi no se movía cuando regresamos de Cabo Arenal y llegamos a los amarres que hay en el puerto pesquero y deportivo de la población.
Mil imágenes y sensaciones en mi memoria mientras acariciaba la cintura de la muchacha, caminando por el puerto hacia las primeras casas del pueblo…
Marina había aceptado venir en mi barca a conocer una cala muy tranquila que le dije que le encantaría… Ella nunca había subido a ninguna barca, y tenía una mezcla de curiosidad y temor, lo mismo que sentía, supongo, por mi…
Habíamos tomado el sol en la arena y nos habíamos bañado en la desierta playita del Cabo, de difícil acceso por tierra, tan sólo unas escaleras que bajaban por el acantilado desde mi edificio de apartamentos…
Entramos en los apartamentos de Cabo Arenal y la llevé al que tengo en el último piso, con una vista espléndida sobre todo el paisaje de la costa. Marina aún tenía bikini puesto, apenas unas tiritas cubriendo las tetas y un tanga que justo le tapaba el sexo y la rajita del culo, pero sonreí al pensar que sería por poco tiempo. Me la imaginé ya desnuda encima de la cama…
Llegó un chico del vecino restaurante con mi encargo, una cazuela de langosta a la marinera y un par de botellas de vino blanco bien frescas. Fue una delicia ver a Marina disfrutar con la comida, le enseñé a abrir las langostas con las pinzas y cubiertos, y ella comía con pasión las blancas carnes del crustáceo mojándolas en aquella deliciosa salsa. Cuando ella chupaba con placer las patitas de la langosta que yo le había enseñado a abrir o sorbía la salsita que había en los mejillones y almejas que había en la cazuela, yo me imaginaba otra cosa, ya sabéis qué, y mi pene se ponía chulo e intentaba atravesar el bañador…
Acabamos de comer. Yo le dije que dejase todo como estaba, ya vendría el servicio a limpiarlo cuando hubiésemos marchado. Al ponernos de pie, vi que Marina se tambaleaba un poco y se agarraba a la silla para no caer, al tiempo que me sonreía con su cara enrojecida por la reacción de los alimentos. Yo también sonreí, la comida y el vinito blanco habían hecho un cierto efecto en los dos…
Me acerqué a Marina, la sujeté por su cintura, -oh!, cómo ardía su piel!-, le dije que ahora teníamos que hacer una siestecita para descansar y la llevé tranquilamente al dormitorio, poco a poco, hablándole bajito y deslizando mi mano de su cintura a la cadera y al muslo.
La habitación estaba en penumbra, pero la luz que entraba por las cortinas permitía ver perfectamente la cama de matrimonio que nos estaba esperando. La joven me miraba con una mezcla de nerviosismo y ansiedad que yo bien conocía en las muchachas que aún no habían probado las delicias del sexo compartido pero anhelaban descubrirlo. Pasé mis brazos por sus hombros y le besé el cuello. Noté que ella se estremecía. Mi piel morena y curtida, fruto del sol del mar, contrastaba con la inmensa blancura sonrosada de la muchacha. Sus ojos eran de color azul claro, sus largos cabellos rubios los llevaba recogidos con una cinta, su piel sabía a las gotas de sal del mar cuando pasaba mi lengua por su cuello… Y pasé mi lengua por su cara, la giré hacia mí, y probé sus labios… Ella me dejó hacer, cerró los ojos cuando yo apreté mis labios contra los suyos, deliciosos, jugosos, cálidos, con gusto y olor al helado de fresa que habíamos tomado de postres…
Lentamente, poco a poco, con la gran delicadeza que te dan los años y la experiencia en seducir muchachas, la deposité en la cama besándola y dándole pequeños mordiscos en el cuello como si yo fuera el conde Drácula, siempre he comprobado que estos mordisquitos son una de las cosas que más excita a las muchachas.
Y me desnudé por completo de pie delante de ella, acostada en la cama, viendo que sus ojos se desorbitaban de sorpresa o tal vez miedo al ver emerger mi pene en gran erección hacia arriba dominando mi vientre por encima de mis testículos recubiertos por ensortijados pelos canosos. Había llegado por fin el momento de encamarme con la joven.
Me senté en la cama, me estiré junto a ella, puse mi mano en la suya, acaricié su muslo y me giré de costado hacia la chica. Le quité suavemente a Marina el sujetador del bikini, acaricié sus pechos, pellizqué sus pezoncitos, los chupé como si fuera mi mamacita y yo su bebé, mientras ella me miraba, apretaba los labios, entornaba los ojos y gemía. Me incliné más hacia la joven, musitándole las más dulces palabras que me podía inspirar la magia del deseo y del sexo. Deposité mis labios en los de Marina, la besé e introduje mi lengua en su boca para jugar con la suya… Qué placer, que excitación, aquel jugoso dulzor a fresa en la boca al lamer la lengua de la chica. Era como estar tocando y poseyendo una joya de museo. Bueno, no, Marina es una joya, pero no de museo, claro, afortunadamente…
Después de unos momentos besando , lamiendo y acariciando la boca, la cara, el cuello, las tetas, y los brazos de la joven, fui poco a poco bajándole las cintitas de la braguita del bikini, el mini tanga, por sus muslos, las rodillas, los tobillos, hasta dejarla por fin completamente desnuda. Pasé mi mano por su sexo, y noté como ella volvía a gemir y se estremecía. Lo acaricié suavemente, introduciendo un poquito mis dedos hasta localizar y apretar con delicadeza su clítoris… La respiración de Marina se agitó… Me arrodillé junto a su cuerpo y empecé entonces a lamer su sexo, frotando mi lengua contra su pequeño y sonrosado clítoris y pasándola luego por la parte interior de su sexo… La joven gemía y su cuerpo ardía mientras temblaba y apretaba mi cabeza contra su vientre con sus manos… Mojé mis dedos en mi saliva y los introduje suavemente en el sexo de la chica, humedeciendo su interior para poder penetrar en ella más dulcemente.
Los gemidos fueron un poco más fuertes, y me miró con los labios abiertos esperando los míos. Separé sus encantadores muslos poco a poco, suavemente, y con naturalidad me coloqué en medio, y fui descendiendo hacia su cuerpo mientras la besaba y acariciaba. Marina ardía, me abrazaba y correspondía a mis caricias. Con la mano orienté la punta de mi pene y la coloqué en la entrada de la vagina de la adolescente. Marina cruzó sus muslos abrazando mi cadera y mis piernas. Pensé en mi abuelo materno, el antiguo pescador negro dominicano -curioso pensamiento mientras empezaba a follarme a Marina -, y en honor suyo, empujé hacia adelante y empecé a introducir mi pene, mi largo pene, en el cuerpo de la muchacha…
Mi verga se deslizó suavemente dentro de su vientre, Sin gran resistencia, noté que cedía un leve obstáculo, rompiendo aquella pequeña barrera que obstruía mi penetración… Sentí que el cuerpo de la joven se estremecía, se tensaba y dejó ir un grito seguido de unos gemidos al sentir el desgarro que mi pene acababa de provocar en su sexo… Ahorita Marina ya no era virgen, ya no tenía ningún himen que ofrecer, lo acababa de romper en aquel momento mi pene… ¡Ay, carajo, joder, la muchacha estaba buenísima en el momento de pasar a ser mujer de verdad! ¡Qué gusto me dio sentir su gritito al desvirgarla! Marina es una joven deliciosa, su piel suave, cálida, huele a flores, a ternura, a hogar dulce… Sus labios jugosos aplastados en los míos, su lengua frotándose con la mía… Mis manos apretándole el culo, presionándole los pechos, pellizcándole los pezones… Mi cadera moviéndose adelante y atrás, haciendo retroceder mi pene y volviendo a clavarlo cada vez más profundamente… Ella gemía de ansiedad, de gozo, me abrazaba, apretaba sus muslos contra mi cuerpo… ¡Qué locura de dioses de placer, que agonía de posesión y éxtasis…!
Y llegué al final, no pude esperar mucho, llegué a la culminación. Me estremecí, y moviéndome como un joven potro salvaje sentí los mil placeres de los dioses, gocé como pocas veces había gozado, al tiempo que notaba como borbotones de semen brotaban de mi cuerpo para inundar el interior del sexo de la muchacha. Y, supongo que por la violencia de mis movimientos, mis gritos, y al sentirse inundada, Marina pegó también de nuevo un grito, seguido de otros mezclados con gemidos, y una serie de convulsiones que me revelaron que la chica también había llegado a un supongo que inolvidable orgasmo.
Unos minutos después estábamos los dos estirados en la cama, abrazados de costado. Descansábamos, nos tocábamos, mientras nos dábamos besitos tiernos y nos lamíamos la cara mutuamente, como gatito y gatita ronroneando en la oscuridad. El mar nos ofrecía ahora una suave brisa que entraba por la ventana…
Mirando a su cara mientras nos vestíamos, mientras ella se volvía a poner el tanga del bikini, hice por fin la pregunta que me quemaba desde hacía rato, ya que me habían asaltado unas dudas:
-¿Estás bien, todo O.K.?
Marina me miró abriendo los ojos. Vi una especie de destello de niña traviesa en su mirada. Sonrió, me y no me contestó. Me giré hacia ella pellizcándole un pezón… Le dije:
-Tienes un cuerpo muy bonito… Eres muy guapa…
Marina se encogió de hombros y se volvió de espaldas . mucho…
La giré hacia mí, la besé de nuevo en los labios con más pasión que nunca, y Marina me miró a los ojos con un destello de picardía mientras yo pasaba mis dedos por sus labios.
En todo esto, mi pene se había erguido de nuevo pidiendo guerra. La agarré por la cintura, la desnudé de nuevo y me estiré en la cama. Ella se arrodilló encima de mi, sabía lo que íbamos a hacer, me sonrió, bajó su cuerpo y me abrazó besándome con toda su pasión. Le musité al oído, mordiéndole la oreja, mientras la penetraba:
-Te voy a follar como un tigre, nena…
Y deslicé de nuevo una y otra vez mi pene en el interior de su cuerpo, entrando y saliendo y ella correspondió enseguida a mis caricias apretando con fuerza su vientre contra el mío, ella encima de mí, mientras de nuevo se ponía a respirar con dificultad y gemía de placer y deseo…Le dije casi sin voz:
-Te quiero, putita…
Y los dos nos perdimos de nuevo en las profundidades del placer…
Tengo… Bueno, digamos que al vivir junto al mar y en el mar me mantengo en buena forma, estoy delgado pero fuerte, mi tórax luce un matiz muy tostado del sol diario de pescador, además del tono moreno de la piel que me viene de mi abuelo negro… De hecho se puede decir que soy mulato. .
Anochecía y resonaban en la lejanía los primeros compases de la orquesta que ensayaba para el baile de la fiesta del pueblo. La mar estaba llana como un espejo, la barca casi no se movía cuando regresamos de Cabo Arenal y llegamos a los amarres que hay en el puerto pesquero y deportivo de la población.
Mil imágenes y sensaciones en mi memoria mientras acariciaba la cintura de la muchacha, caminando por el puerto hacia las primeras casas del pueblo…
Marina había aceptado venir en mi barca a conocer una cala muy tranquila que le dije que le encantaría… Ella nunca había subido a ninguna barca, y tenía una mezcla de curiosidad y temor, lo mismo que sentía, supongo, por mi…
Habíamos tomado el sol en la arena y nos habíamos bañado en la desierta playita del Cabo, de difícil acceso por tierra, tan sólo unas escaleras que bajaban por el acantilado desde mi edificio de apartamentos…
Entramos en los apartamentos de Cabo Arenal y la llevé al que tengo en el último piso, con una vista espléndida sobre todo el paisaje de la costa. Marina aún tenía bikini puesto, apenas unas tiritas cubriendo las tetas y un tanga que justo le tapaba el sexo y la rajita del culo, pero sonreí al pensar que sería por poco tiempo. Me la imaginé ya desnuda encima de la cama…
Llegó un chico del vecino restaurante con mi encargo, una cazuela de langosta a la marinera y un par de botellas de vino blanco bien frescas. Fue una delicia ver a Marina disfrutar con la comida, le enseñé a abrir las langostas con las pinzas y cubiertos, y ella comía con pasión las blancas carnes del crustáceo mojándolas en aquella deliciosa salsa. Cuando ella chupaba con placer las patitas de la langosta que yo le había enseñado a abrir o sorbía la salsita que había en los mejillones y almejas que había en la cazuela, yo me imaginaba otra cosa, ya sabéis qué, y mi pene se ponía chulo e intentaba atravesar el bañador…
Acabamos de comer. Yo le dije que dejase todo como estaba, ya vendría el servicio a limpiarlo cuando hubiésemos marchado. Al ponernos de pie, vi que Marina se tambaleaba un poco y se agarraba a la silla para no caer, al tiempo que me sonreía con su cara enrojecida por la reacción de los alimentos. Yo también sonreí, la comida y el vinito blanco habían hecho un cierto efecto en los dos…
Me acerqué a Marina, la sujeté por su cintura, -oh!, cómo ardía su piel!-, le dije que ahora teníamos que hacer una siestecita para descansar y la llevé tranquilamente al dormitorio, poco a poco, hablándole bajito y deslizando mi mano de su cintura a la cadera y al muslo.
La habitación estaba en penumbra, pero la luz que entraba por las cortinas permitía ver perfectamente la cama de matrimonio que nos estaba esperando. La joven me miraba con una mezcla de nerviosismo y ansiedad que yo bien conocía en las muchachas que aún no habían probado las delicias del sexo compartido pero anhelaban descubrirlo. Pasé mis brazos por sus hombros y le besé el cuello. Noté que ella se estremecía. Mi piel morena y curtida, fruto del sol del mar, contrastaba con la inmensa blancura sonrosada de la muchacha. Sus ojos eran de color azul claro, sus largos cabellos rubios los llevaba recogidos con una cinta, su piel sabía a las gotas de sal del mar cuando pasaba mi lengua por su cuello… Y pasé mi lengua por su cara, la giré hacia mí, y probé sus labios… Ella me dejó hacer, cerró los ojos cuando yo apreté mis labios contra los suyos, deliciosos, jugosos, cálidos, con gusto y olor al helado de fresa que habíamos tomado de postres…
Lentamente, poco a poco, con la gran delicadeza que te dan los años y la experiencia en seducir muchachas, la deposité en la cama besándola y dándole pequeños mordiscos en el cuello como si yo fuera el conde Drácula, siempre he comprobado que estos mordisquitos son una de las cosas que más excita a las muchachas.
Y me desnudé por completo de pie delante de ella, acostada en la cama, viendo que sus ojos se desorbitaban de sorpresa o tal vez miedo al ver emerger mi pene en gran erección hacia arriba dominando mi vientre por encima de mis testículos recubiertos por ensortijados pelos canosos. Había llegado por fin el momento de encamarme con la joven.
Me senté en la cama, me estiré junto a ella, puse mi mano en la suya, acaricié su muslo y me giré de costado hacia la chica. Le quité suavemente a Marina el sujetador del bikini, acaricié sus pechos, pellizqué sus pezoncitos, los chupé como si fuera mi mamacita y yo su bebé, mientras ella me miraba, apretaba los labios, entornaba los ojos y gemía. Me incliné más hacia la joven, musitándole las más dulces palabras que me podía inspirar la magia del deseo y del sexo. Deposité mis labios en los de Marina, la besé e introduje mi lengua en su boca para jugar con la suya… Qué placer, que excitación, aquel jugoso dulzor a fresa en la boca al lamer la lengua de la chica. Era como estar tocando y poseyendo una joya de museo. Bueno, no, Marina es una joya, pero no de museo, claro, afortunadamente…
Después de unos momentos besando , lamiendo y acariciando la boca, la cara, el cuello, las tetas, y los brazos de la joven, fui poco a poco bajándole las cintitas de la braguita del bikini, el mini tanga, por sus muslos, las rodillas, los tobillos, hasta dejarla por fin completamente desnuda. Pasé mi mano por su sexo, y noté como ella volvía a gemir y se estremecía. Lo acaricié suavemente, introduciendo un poquito mis dedos hasta localizar y apretar con delicadeza su clítoris… La respiración de Marina se agitó… Me arrodillé junto a su cuerpo y empecé entonces a lamer su sexo, frotando mi lengua contra su pequeño y sonrosado clítoris y pasándola luego por la parte interior de su sexo… La joven gemía y su cuerpo ardía mientras temblaba y apretaba mi cabeza contra su vientre con sus manos… Mojé mis dedos en mi saliva y los introduje suavemente en el sexo de la chica, humedeciendo su interior para poder penetrar en ella más dulcemente.
Los gemidos fueron un poco más fuertes, y me miró con los labios abiertos esperando los míos. Separé sus encantadores muslos poco a poco, suavemente, y con naturalidad me coloqué en medio, y fui descendiendo hacia su cuerpo mientras la besaba y acariciaba. Marina ardía, me abrazaba y correspondía a mis caricias. Con la mano orienté la punta de mi pene y la coloqué en la entrada de la vagina de la adolescente. Marina cruzó sus muslos abrazando mi cadera y mis piernas. Pensé en mi abuelo materno, el antiguo pescador negro dominicano -curioso pensamiento mientras empezaba a follarme a Marina -, y en honor suyo, empujé hacia adelante y empecé a introducir mi pene, mi largo pene, en el cuerpo de la muchacha…
Mi verga se deslizó suavemente dentro de su vientre, Sin gran resistencia, noté que cedía un leve obstáculo, rompiendo aquella pequeña barrera que obstruía mi penetración… Sentí que el cuerpo de la joven se estremecía, se tensaba y dejó ir un grito seguido de unos gemidos al sentir el desgarro que mi pene acababa de provocar en su sexo… Ahorita Marina ya no era virgen, ya no tenía ningún himen que ofrecer, lo acababa de romper en aquel momento mi pene… ¡Ay, carajo, joder, la muchacha estaba buenísima en el momento de pasar a ser mujer de verdad! ¡Qué gusto me dio sentir su gritito al desvirgarla! Marina es una joven deliciosa, su piel suave, cálida, huele a flores, a ternura, a hogar dulce… Sus labios jugosos aplastados en los míos, su lengua frotándose con la mía… Mis manos apretándole el culo, presionándole los pechos, pellizcándole los pezones… Mi cadera moviéndose adelante y atrás, haciendo retroceder mi pene y volviendo a clavarlo cada vez más profundamente… Ella gemía de ansiedad, de gozo, me abrazaba, apretaba sus muslos contra mi cuerpo… ¡Qué locura de dioses de placer, que agonía de posesión y éxtasis…!
Y llegué al final, no pude esperar mucho, llegué a la culminación. Me estremecí, y moviéndome como un joven potro salvaje sentí los mil placeres de los dioses, gocé como pocas veces había gozado, al tiempo que notaba como borbotones de semen brotaban de mi cuerpo para inundar el interior del sexo de la muchacha. Y, supongo que por la violencia de mis movimientos, mis gritos, y al sentirse inundada, Marina pegó también de nuevo un grito, seguido de otros mezclados con gemidos, y una serie de convulsiones que me revelaron que la chica también había llegado a un supongo que inolvidable orgasmo.
Unos minutos después estábamos los dos estirados en la cama, abrazados de costado. Descansábamos, nos tocábamos, mientras nos dábamos besitos tiernos y nos lamíamos la cara mutuamente, como gatito y gatita ronroneando en la oscuridad. El mar nos ofrecía ahora una suave brisa que entraba por la ventana…
Mirando a su cara mientras nos vestíamos, mientras ella se volvía a poner el tanga del bikini, hice por fin la pregunta que me quemaba desde hacía rato, ya que me habían asaltado unas dudas:
-¿Estás bien, todo O.K.?
Marina me miró abriendo los ojos. Vi una especie de destello de niña traviesa en su mirada. Sonrió, me y no me contestó. Me giré hacia ella pellizcándole un pezón… Le dije:
-Tienes un cuerpo muy bonito… Eres muy guapa…
Marina se encogió de hombros y se volvió de espaldas . mucho…
La giré hacia mí, la besé de nuevo en los labios con más pasión que nunca, y Marina me miró a los ojos con un destello de picardía mientras yo pasaba mis dedos por sus labios.
En todo esto, mi pene se había erguido de nuevo pidiendo guerra. La agarré por la cintura, la desnudé de nuevo y me estiré en la cama. Ella se arrodilló encima de mi, sabía lo que íbamos a hacer, me sonrió, bajó su cuerpo y me abrazó besándome con toda su pasión. Le musité al oído, mordiéndole la oreja, mientras la penetraba:
-Te voy a follar como un tigre, nena…
Y deslicé de nuevo una y otra vez mi pene en el interior de su cuerpo, entrando y saliendo y ella correspondió enseguida a mis caricias apretando con fuerza su vientre contra el mío, ella encima de mí, mientras de nuevo se ponía a respirar con dificultad y gemía de placer y deseo…Le dije casi sin voz:
-Te quiero, putita…
Y los dos nos perdimos de nuevo en las profundidades del placer…
Ayer mi marido tuvo que salir de viaje. Yo estaba especialmente caliente, después de la “follada” del lunes, así que me vestí lo menos posible, es decir con una mini negra que me tapa solamente el culito y que, a poco que me agache, deja ver mis nalguitas y mi sexo y una blusa transparente que deja ver mis pechos completamente.
Me fui a una discoteca, ya conocida, que tiene la ventaja, para mis planes, que tiene algunos reservados, en la planta alta, en los que puedes hacer de todo, sin que, practicamente te vea nadie.
Al entrar en la discoteca sentí las miradas de todos los hombres en mis pechos y vi el deseo en sus miradas. Me senté sola en una mesa y no tardé en ser abordada por varios hombres. Entre ellos vino un hombre de color al que si le dije que me apetecía bailar. El motivo de aceptarle fue que en su entrepierna se observaba un paquete de dimensiones tales que resultaba, francamente, apetecible.
Salimos a bailar y sentí apretarse contra mi sexo una “polla” que ya se sentía dura y a punto.
El baile no fue tal sino un mero restriego de nuestros sexos y una exploración de nuestras bocas y de mis pechos por sus manos.
Nos pusimos tan calientes que le dije, enseguida, que nos fuéramos a uno de los reservados.
En cuanto llegamos al reservado, me senté encima de él, metiéndole la lengua hasta el fondo de su garganta, mientras sus manos me despojaron de la camisa que llevaba y amasaban mis pechos. Interrumpiendo mi beso, le saqué la polla del pantalón y, como no llevaba nada debajo de la falda, me la metí entera de un solo golpe.
Uff, que tamaño de polla, sentí que me penetraba hasta el fondo, tanto y tan profundamente, que tuve que levantarme un poquito para dejar que mi coño se acostumbrara a ese tamaño de polla poco a poco. Fui descendiendo sobre él poco a poco, temblando de placer y sintiendo en mi coño las palpitaciones de la inmensa polla que me penetraba. Con sólo metérmela hasta el fondo me corrí, loca de placer, orgasmo que se prolongó al sentir su explosión dentro de mí. El golpe de su semen contra el fondo de mi coño fue maravilloso e hizo que mi orgasmo se prolongara.
Después del orgasmo me dijo si quería ir a un hotel, le respondí que claro que si.
Salimos de la discoteca, dirigiéndonos al coche, aunque antes de llegar, no pude resistirme y apoyándome en una pared, en una calle solitaria, le dije que me volviera a penetrar, subí mi pierna a su cintura para facilitarle la penetración y volvió a metérmela de golpe, haciéndome suspirar como loca de placer. Al llegar al coche, le di las llaves y mientras nos dirigíamos al hotel, le hice la mejor mamada que pude, tengo que confesar que no pude meterme su polla entera en la boca.
En cuanto llegamos al hotel, subimos a la habitación a todo correr. Ya en el ascensor me despojó, de nuevo, de la camisa y así, desnuda de cintura para arriba, llegamos a la habitación. Simplemente terminé de desnudarme, al fin y al cabo no tenía nada más que quitarme la mini, y me tumbé en la cama, bien abierta de piernas mientras le veía desnudarse. Con la polla en todo su esplendor, su echó sobre mí, metiéndomela hasta el fondo de mi empapado coño.
Tarde muy poco en explotar en otro orgasmo. Antes de que terminara de correrme, me la sacó y poniéndome de espaldas sobre la cama, me la volvió a clavar desde atrás. Le dije que se echara en la cama y me senté encima de él, metiéndome la polla hasta el fondo, a esas alturas, no tenía ningún problema en absorber toda esa “maravilla”, pues tenía el coño completamente empapado y distendido. Nos corrimos juntos, abrazándonos con desespero y estrujándonos el cuerpo mutuamente.
Nos tumbamos en la cama para descansar. Nuestros cuerpos empapados de sudor y el semen resbalando de mi coño y mojando las sábanas.
No tardó en incorporarse y abriéndome las piernas metió su cabeza entre ellas, empezando a chupar mi coño, metiendo su lengua lo más profundamente que podía en mi sexo. Me hizo volver a explotar en otro orgasmo. Incorporándose, me puso las piernas sobre sus hombros y volvió a clavármela de un solo golpe, empezando un mete y saca enloquecedor que me hizo explotar en sucesivos orgasmos, hasta que el último mío coincidió con el suyo, y nos volvimos a derrumbar exhaustos en la cama.
Pedimos al servicio de habitaciones un tentempié.
Mientras lo tomábamos volvimos a acariciarnos mutuamente, aunque ya de una manera suave, tranquila, sin agobios sexuales. Me gustaba su vientre plano, negro, musculado, así como sus pectorales, sus nalgas, prietas y duras, aunque, quizás, un poco salientes. Pero sobre todo lo demás, me gustaba su “polla”, grande, enorme aún en estado de reposo. La acaricié durante todo el tiempo que estuvimos tomando el refrigerio, me gustaba su tamaño, su tacto, me gustaba verla y recordar el placer que me había dado al penetrarme, recordar su sabor, su olor.
Volvimos a follar de nuevo, al terminar el refrigerio, aunque esta vez más pausadamente, más tranquilamente, más relajadamente. Me penetró tumbada en la cama con mis tobillos apretando sus nalgas contra mí.
Cuando terminamos, me despedí y cogiendo el coche me fui a casa, donde me dormí enseguida, recordando la maravillosa polla negra que me había dado tanto placer.
va tiene 21 años, es una chica universitaria, maja, simpática y agradable además de ser una rubita guapa e interesante, mide un metro sesenta y cinco, más o menos, el pelo lo tiene liso, bonito y siempre cortado a media melena, usa gafas de pasta negra, detrás de las cuales se esconden unos ojos verdosos bellos, no tiene mucho pecho, pero tiene un bonito trasero y unas piernas delicadas y elegantes.
Tiene novio, que se llama Javi, también tiene 21 años y el problema que tiene, es la edad. Alardea de tener en la palma de la mano a Eva.
Yo me llamo Álvaro y soy el amante de Eva, pobre Javier, soy más mayor que ella, tengo 35 años y puedo asegurar que Eva es un volcán en continua ebullición, nuestros encuentros son buenos y como no puede ser de otra manera nos ceñimos a lo puramente sexual. Follamos como si la vida se nos fuera a ir mañana, es una muchacha curiosa y me gusta saciar su curiosidad sexual.
Cuando las noches de los viernes o sábados, Javi la deja en su casa alegando que sus padres no la dejan salir hasta más tarde, ahí estoy yo para llevármela y follarla, ya que Javi es un poco inexperto.
A Eva le gusta prácticamente de todo, sexo oral, anal, que fue de lo primero que me pidió, y sobre todo lo que le gusta es que le coman el sexo, si consigues llevarla al orgasmo así, la tendrás toda la noche rendida para follarla como quieras durante lo que reste de noche.
Eva no deja de sorprenderme, me pidió ir a un pub liberal, la primera vez que fuimos, observamos simplemente, se cortó de liarse con otro tío, pero en las siguientes ocasiones, probó, y le gustó tanto con tíos como con tías, es más reconoce abiertamente su bisexualidad, bueno conmigo claro.
A veces incluso me da un poco de miedo, hace unos meses me hizo una proposición, se quería acostar con un negro, eso si, tenia que tener un falo descomunal. Al principio dudé y le insistí en que si estaba segura de lo que quería. Cada vez que fallábamos me susurraba al oído las ganas que tenía de meterse una buena barra de chocolate para el cuerpo. Accedí y la dije que no se preocupara, que tendría su ración de carne negra.
Comencé la búsqueda poniendo anuncios en revistas liberales y de contactos, también inserté algún anuncio en páginas web dedicadas a estos usos. Tuve bastantes candidatos, lo que sucede que no todos cumplían los requisitos, sobre todo el de ser negros, al final aparecieron un par de candidatos que cumplían las expectativas.
Quedé con ambos y la verdad que parecían majos y sobre todo agradables, por las fotos que me enviaron tenían buenas herramientas, sobre todo era el grosor de sus falos lo que me llamó más la atención ya que en longitud no parecían ser nada excepcional. La elección se planteaba difícil, así que en una decisión salomónica decidí que los dos se la follarían a su antojo, quedé con ambos, se lo propuse y aceptaron, por supuesto a Eva no la diría nada, ¿no quería negro? Pues iba a tener ración doble.
Emplacé a nuestros amigos para un sábado tarde, cuando se lo conté a Eva, me abrazó y se puso muy contenta, yo para mis adentros me reía y pensaba en lo que se le iba a venir encima, aunque habíamos hecho tríos e intercambio de parejas, ella aún no había probado la doble penetración, y en esta cita la iba a probar bien probada.
Quedé con Eva como siempre en mi piso para tomar algo, uno de nuestros amigos ya estaba en la casa, concretamente en la habitación de invitados, escondido para unirse a la fiesta cuando se le pidiera. Ella llegó, estaba nerviosa y excitada, tomamos un refresco esperando al otro invitado que en teoría era el único que vendría.
Llamaron al timbre y pasó nuestro amigo, se lo presenté a Eva y nos pusimos a charlar animadamente, el chico fue al baño y ella me dijo que había acertado de pleno comenzó a besarme, empezamos a sobarnos, cuando vino del baño y nos vio así, sin dudarlo un momento se unió a la fiesta, empezó a tocarle las tetase y el culo, Eva se desnudó y el también, cuando se bajó el pantalón se adivinaba un falo de buenas dimensiones, Eva se arrodilló delante de el, le bajó el slip y cogió una polla tremendamente gruesa, soltó una risita nerviosa y dijo: “no se si esto me va a entrar y si me entra me va a reventar”. Yo por mi parte me senté en una silla y me dediqué a ver como recorría con su lengua aquel cuerpo de ébano, me comencé a masturbar.
Eva se metió el falo negro en la boca, lo chupaba y lo lamía con fruición, el respiraba fuerte y gemía. A pesar de su juventud, Eva estaba consiguiendo que el negro estuviera al borde del éxtasis casi sin haber empezado a hacer nada, ella tenía las riendas de la situación. El moreno le separó la cabeza de la polla viendo que si seguía así se correría y el quería ensartarla, el se sentó y ella se puso encima de él a horcajadas, agarró su pene y lo dirigió contra su sexo, fue bajando poco a poco hasta que lo tuvo bien metido hasta los huevos.
Ella gemía y decía que la partía en dos, que la dejara y le sacara aquello que la había metido, pero ya era tarde, el negro con sus manos la tenía agarrada de la cintura y la movía a su antojo, ella solo podía decir: “joder, joder, joder” gemía y gritaba, el negro la verdad que aguantaba bien, porqué no correrse en aquel angosto canal, tenía su mérito.
Me acerqué a Eva por detrás y le pregunte que si le estaba gustando aquello y que le parecía si yo me unía a la fiesta, ella entre gemidos dijo que sí, la miré y le dije: “me gustaría unirme pero hoy voy a ver como te parten en dos y esto no ha acabado aquí”, ella me miró extrañada, salí del salón y fui a buscar al otro invitado, cuando entré con el otro negro desnudo puso una cara tremenda y me dijo: “¿Qué me vas a hacer cabrón?, mientras seguía cabalgando la otra polla, el otro chico al ver la escena tuvo una erección tremenda y vi que el príapo que gastaba era superior al de su compañero, este tenía una tranca brutal, se acercó por detrás con un poco de gel lubricante y le untó a Eva el culito. Calculó, agarró su pene y enfiló hacia el agujerito de Eva, al notar aquello, empezó a gritar que la reventaba y que parar, pero el negro no tuvo compasión y de un par de embestidas la empaló, a Eva se le salían los ojos de las órbitas , el negro de delante se retiró y le puso la polla en la boca, Eva que antes no había saboreado semen se encontró con unos generosos chorros que el negro la dedicó, al tener la polla en la boca los chorros le debieron de llegar hasta la nuca y Eva tuvo un par de arcadas, el negro se retiró de ella mientras tragaba la leche y el otro le daba unas embestidas cada vez más bruscas, este sacó su falo negro y brillante de su culo, la puso boca arriba y la comenzó a follar, el agujero del ano estaba dilatado, era tremendo lo que había recibido la pobre, seguía gimiendo y gritando, que parar, la verdad que el segundo invitado con la polla que tenia la estaba taladrando a base de bien, este siguió hasta que notó que se iba a correr, saco su falo y le echo la leche en sus tetase, la cara que puso Eva al ver aquello fuera de su cuerpo fue de alivio.
Quedó tirada en el sofá, los dos invitados se vistieron y se marcharon, ella se fue a duchar, estaba perdida de semen. Cuando salió del baño, me dijo que era un cabrón pero que nunca había tenido tantos orgasmos como en esa tarde y me beso.
Eva y yo seguimos siendo amantes.
El relato que les voy a contar sucedió unos años atrás cuando encontré en un bar nocturno a una mujer de unos 35 años aproximadamente, luego de tomar unas cervezas y hacer posteriormente el amor, lo hicimos en un motel bajo un ventilador hacia mucho calor y termine en su boca, posteriormente y después de algunas llamadas telefónicas ella se vino a vivir a mi departamento. Esta mujer creo yo era una mujer de la noche, pero en fin estuvimos viviendo juntos unos meses.
Un día ella me dijo que tenía un consolador de madera tallada muy grueso y áspero, que le había regalado uno de sus amantes, era prácticamente un pene muy bien hecho de la raíz de un árbol tropical.
Ella le puso un condón y me dijo ahora cambiaremos de roles y te voy a hacer el amor, ella creía que yo era bisexual, como me lo hacían mis otros amantes. Y bueno comenzó a meterme el palo en forma de pene a mi boca me lo hacia lamer y chupar, mientras me decía te voy a enseñar a chupar un buen pene. Y yo lo chupaba con muchas ganas, posteriormente lo puso en mi pecho, junto mis tetillas y comenzó a mover el palo en forma de pene apretando mi pecho a este. Mientras tanto para que se mueva fácilmente ella escupía en mi pecho y trataba de juntar mis tetillas como si fueran las Tetis de una mujer y así fue bajando hasta que se acerco a mi ombligo donde jugo por un momento con el pene de palo, posteriormente siguió bajando y lo froto contra mi pene y testículos, a este momento yo no dejaba de jadear y se imaginaran mi pene quería reventar.
Luego me hizo darme la vuelta me puso de cuatro apoyando mi cabeza contra la almohada algo agachado, agarro el pene de madera cubierto con un condón le puso mucha crema y comenzó a metérmelo por el ano al principio sentía algo desagradable pero me fue gustando y lo metía lo mas que podía hasta hacerme sentir dolor y me hacia salir sangre del ano, me decía eres bisexual y tienes que aprender a recibir penes gruesos pues los hombres que te gustan la tienen grande. Lo bombeaba dentro mió con mucha magistralidad empujaba el pene de palo con mucha fuerza dentro mi ano, y lo llego a meter hasta la mitad yo gemía de dolor y placer incluso hasta lagrimeaba pero me gustaba mucho. Mientras lo metía con la otra mano estrujaba mis testículos y agarraba mi pene y me masturbaba cuando estaba a punto de eyacular ella dejaba de hacerlo y metía aún mas el pene lo que hacia que yo no termine.
Posteriormente lo sacaba le cambiaba el condón y se lo metía a su vagina, ella se encontraba parada y ponía un pie sobre la cama y se lo metía, lo sacaba y me hacia lamer el pene de palo hasta que este completamente limpio de sus jugos vaginales y así varias veces, a momentos me gritaba lo que me daba aun mayor placer.
Después de esto hacíamos el amor en toda pose, para posteriormente frotar mi pene y hacerme eyacular en su boca, luego ella me besaba y jugábamos con el semen en nuestras bocas. Así fue durante bastante tiempo hasta que ella se marchó.
Ellos disfrutaban pertenecer a una categoría a la que pocos acceden, amigos con derecho. No se bien quien fue el sabio que ideó esta forma asociativa, pero bien merecería un monumento. Largo es de explicar, y no sirve hacerlo a los efectos de este relato, la razón por la cual Ella había declinado los beneficios de tal membresía, la connotación carnal de la fórmula compuesta antes mencionada. Pero parecía que faltaba tan solo un empujoncito para volver a caer en las dulces y placenteras redes de la lujuria.
El realizó una amigable visita sin segundas intenciones, aunque su inconciente y sospecho también el de ella, clamaban por volver a encontrar el espacio de las pieles desnudas, de las humedades eróticas, de los silencios voluntarios y los gemidos obligados que hacían los encuentros tan placenteros. Dos golpes se oyeron en la puerta.
- Hola que tal, tanto tiempo
- Hola, que alegría
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Con mi esposa hace ya algún tiempo que venimos conversando sobre una fantasía, que al comienzo era mía, pero poco a poco se la fui contagiando. Yo fantaseaba con verla con otro. Ella de solo pensar que yo viera cogiendo con otro, sentía una enorme vergüenza. O sea que en el fondo, sacando esa vergüenza la fantasía la tenia. Yo suponía que seria la misma vergüenza que le dio, cuando yo le pedí usar un pequeño vibrador para ponerla a mil, y luego usarlo para penetrarla analmente mientras ella me montaba. Todas esas conversaciones, por lo general a la noche y en la cama, terminaban por hacer que nos diéramos un festín ensartándola yo con unas ganas enorme y ella orgasmando fantásticamente.
La fantasía estaba, ayudaba a la realidad, pero no era posible concretarla. Ambos usamos Internet y fue donde comenzamos a ver lugares Swingers, yo le mostraba interés para que los leyera y así fue que por probar entramos en contacto con una pareja. Eran de un lugar lejano, pero sirvió para aumentar nuestras fantasías. Ella, seguía negándolo, pero por lo menos ahora decía, que al menos esto era más parejo. Que si yo la veía a ella, ella me vería a mí y no que yo solo la viera fornicar con otro a ella. Dicen que tanto va el cántaro a la fuente que al final… suena. Yo no solo no perdía las esperanzas sino que veía que podría llegar a ser. Ella si yo sacaba el tema, solo esbozaba una sonrisa. Cuando el tema era tocado en fantasía en la intimidad de la cama, su temperatura se elevaba rápidamente. Pero después siempre salía con eso de la vergüenza. Yo la hacia intervenir en algunos chateos y daba la impresión que se entusiasmaba. Hasta que me dio la pauta que podía ser. Como aquello que si uno quiere cambiar el auto y ella no quiere, pero insistiendo un día ella dice, pero mira que me gusta azul….. bueno, ya esta, esta dando la aprobación. O sea que cuando comenzó a poner sus opiniones sobre como deberían ser las cosas y compararlas con otras opiniones que se veían en la red…. No dudé y comencé a buscar la pareja que nos acercara a las circunstancias de la realidad. Así que prepare un departamento amueblado que teníamos con mi hermano en el centro sin alquilar, y puse todo en orden como para que si salía, no aparecieran impedimentos.
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